Merodear entre tantos ojos. Leer, deletrear aquel real mensaje entre lineas.

Soy. Sos. Somos.

Soy parte del universo.
De las estrellas.
De las galaxias.
Del cosmos.

Soy parte de la tierra.
De la pachamama.
De las almas.
De la naturaleza.

Soy parte de la vida.
De la sociedad.
De la comunidad.
De la familia.

(Y gracias a todo esto, y lo mejor de todo es que...)

Soy parte de vos.
De tu cuerpo.
De tu universo.
De tu vida.
De tu piel.
De tu música.
De tu sexo.

Soy parte de tu amor.

(Y vos sos parte de todo eso, de mí, y mucho más)

Escribo cuando quiero, no cuando me digan que escriba.

A veces me dan ganas de escribir, y cuando eso pasa las palabras fluyen solas.
Vienen a mi mente como si ya las supiera de antemano y viajan desde mi cerebro, a través de mi nuca, cuello y hombro para andar por mi brazo y llegar a mis dedos que suavemente conducen un lápiz en un papel para que esas palabras queden plasmadas en la realidad.
A veces me dan ganas de escribir y a veces no.
Y cuando las voces ajenas me dicen, imploran y gritan que escriba sin que mis ganas estén presentes, mi cabeza se apaga como si hubiera un cortocircuito. Como si pensar tanto en qué plasmar sin encontrarlo mandara choques eléctricos a mis neuronas hasta tal límite en que se ponen de acuerdo en dejar de trabajar.
A veces me dan ganas de escribir y a veces no.
Ahora, no quería escribir, pero las palabras me escupieron en la cara sin encender mis neuronas.
A veces me dan ganas de escribir, y a veces ¿No me dan ganas?

Historias

This is the point when I realize that every fucking story is bullshit. Even the real ones.
I used to read so much, that I kind of became a part of what I read. That I dreamed with it, that I wished it to be real, even if it was a horror life with zombies or dramatic-world-death or stuff like that. 
It’s like a slapped in every part of your body, when you find out that love isn’t like in love stories, that your dream-job isn’t the greatest thing in your life, that health isn’t the best you can wish, or sickness isn’t the worst you can have. Is a slapped, because you now know that you drive your own life, and you make your own destiny.
This is the point where I know that each person’s life story is bullshit for any other human being.
Your story is only true for you, and his story is only real for him, and my story is only mine. And me and only me, can understand it, and appreciate it, and follow it, and write it, and be it.
I used to immerse in others stories but mine, because my story used to be so, so boring.
And when I realized that boredness is like death, I just changed my visual in life.
I just searched for something that could make me happy, or not-bored. I just looked for my own factory of adrenaline and… I just visualized at it, and I just went for it.
I dropped the I-want-that-character’s-life off my system, and I made my way to my-story-is-the-kind-of-story-wich-bored-people-of-his-life-is-searching-for.

So, yes. I still read, because the stories were made for reading it. 
But, no. I don’t try to own those anymore. I just read them like some weird story and just that. A story.

Love

Y esos que dicen que el tiempo cura. Están confundidos.
El tiempo no cura pero a través de él las cosas cambian.
Los pensamientos, los sentimientos, pero nunca hay olvido.
Los dolores al principio desgarran, y luego se alivian.
Los que dicen que el amor es para siempre, no se equivocan.
No hay tiempo que lo borre. El amor verdadero perdura.
Puede cambiar, para bien o mal, no se pierde, se transforma.

Dulce viento

Si tan solo abriera la ventana, tantas cosas podrían pasar.
El silbido que provoca el viento, escurriéndose por cada uno de los espacios y agujeritos que deja la casa, provoca una reacción en mi nuca, sin contar unas ganas de salir a volar. De acompañar al aire, de dejarme llevar por él. De cerrar los ojos y sentir sus caricias frías en mis mejillas y como despeina mi pelo.
Debe ser adrenalina, o algo similar, lo que genera que se me ericen los pelos, y esas ganas de saltar.
Su velocidad provoca ruidos; árboles crujiendo, ventanas chocando, persianas resistiendo y ese susurro que llega por un oído y sale por el otro. Se forman palabras y el viento me habla: <<Salí a la vida, apreciame, sentime, intentá agarrarme, alcanzarme y respirarme. Tomá mi mano y tomá otra mano, arrastrá más manos y más cuerpos y más vida hacia los límites del día y la noche, hacia la oscuridad del no saber dirección, hacia la luz de reconocerse a sí mismos. Vengan, síganme... Si pueden>>
Y así es como interpreto un torrente de oxígeno y polvo y hojas y partículas invisibles que podrían envolverme en su calidez helada si tan solo abriera la ventana.
No era una sensación de libertad. El aire me quemaba la cara y el cuerpo. Me aplastaba los órganos. Arriba no había nada, abajo tampoco. Solo me daba cuenta cuál era cuál, por los lugares en los cuales los latigazos de aire me acariciaban. Como si pensara que su contacto fuera placentero. Tan acostumbrado a las caras de paz de las personas, cuando una suave brisa recorre su pelo. Pero esto no era una suave brisa. No era un fuerte viento. La gravedad me estaba jugando una mala pasada. El viento puede ir en la dirección que le dé la gana. Yo, no. Y como me ponía en su camino, me castigaba. Como si lo estuviera molestando, como si le hiciera enojarse.

No era mi intención cambiar su trayecto. Incontrolablemente yo caía sin fin y, lamentablemente, él se ponía en mi camino.

Llueve sobre nosotros.

Y ese diluvio universal, que junto con las luces y la música inundaban esta maldita ciudad. El cielo decidió bañar a la ciudad y los desagües decidieron que ese baño sea de inmersión. Y así, los autos, los edificios, los containers y todo lo urbano aprendió a nadar. Y el asfalto mantuvo su respiración.
La vida ataca a la ciudad y la ciudad le teme, la combate.
Y yo, sintiendo las gotas en la cara, y los pies sumergidos, mirando ese baile de luces y escuchando ese compás sin ritmo de truenos, sonrío ante tal espectáculo.