Merodear entre tantos ojos. Leer, deletrear aquel real mensaje entre lineas.

Soy. Sos. Somos.

Soy parte del universo.
De las estrellas.
De las galaxias.
Del cosmos.

Soy parte de la tierra.
De la pachamama.
De las almas.
De la naturaleza.

Soy parte de la vida.
De la sociedad.
De la comunidad.
De la familia.

(Y gracias a todo esto, y lo mejor de todo es que...)

Soy parte de vos.
De tu cuerpo.
De tu universo.
De tu vida.
De tu piel.
De tu música.
De tu sexo.

Soy parte de tu amor.

(Y vos sos parte de todo eso, de mí, y mucho más)

Escribo cuando quiero, no cuando me digan que escriba.

A veces me dan ganas de escribir, y cuando eso pasa las palabras fluyen solas.
Vienen a mi mente como si ya las supiera de antemano y viajan desde mi cerebro, a través de mi nuca, cuello y hombro para andar por mi brazo y llegar a mis dedos que suavemente conducen un lápiz en un papel para que esas palabras queden plasmadas en la realidad.
A veces me dan ganas de escribir y a veces no.
Y cuando las voces ajenas me dicen, imploran y gritan que escriba sin que mis ganas estén presentes, mi cabeza se apaga como si hubiera un cortocircuito. Como si pensar tanto en qué plasmar sin encontrarlo mandara choques eléctricos a mis neuronas hasta tal límite en que se ponen de acuerdo en dejar de trabajar.
A veces me dan ganas de escribir y a veces no.
Ahora, no quería escribir, pero las palabras me escupieron en la cara sin encender mis neuronas.
A veces me dan ganas de escribir, y a veces ¿No me dan ganas?