Una por una, en orden de tiempo. De la más vieja a la más reciente. De la primera a la última.
Una por una, vio ese álbum de recuerdos, los sintió como si estuviera ahí.
Desde el más mínimo detalle que quedó guardado en su cerebro.
Y cuando la última foto, la última escena, la verdadera última imagen se desvaneció... No sintió angustia ni tristeza. Simplemente ese sentimiento de extrañar, pero no desgarrador.
Cuando su película se acabó, se dio cuenta de que en la mano tenía una cámara apagada, que debería prender.
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